En medio de la actual temporada de lluvias y del debate público sobre el llamado “Niño Costero”, el biólogo e investigador piurano Fidel Torres Guevara hace un análisis y cuestiona la forma en que el Estado peruano y diversas instituciones manejan la información científica sobre los fenómenos climáticos, advirtiendo que existe una narrativa oficial que termina atribuyendo los desastres únicamente a la naturaleza y no a la falta de planificación y gestión pública.
Las declaraciones fueron brindadas en una entrevista para el medio digital Taitito, donde en una primera parte denominada: “El Niño, ciencia, desastres y elecciones generales en el Perú”, analiza la relación entre ciencia, gestión pública, desinformación y gobernanza frente a eventos climáticos.
Fidel Torres sostiene que el problema de fondo no es la ocurrencia de lluvias intensas, que forman parte de la dinámica climática de la región, sino la debilidad institucional del Estado y la ausencia de planificación real para prevenir los desastres.
Información científica ambigua y desinformación
Uno de los primeros puntos abordados en la entrevista es el uso del concepto de “Niño Costero”, término que, según Torres, ha sido utilizado de manera ambigua.
El investigador señala que, revisando la definición oficial, el concepto presenta limitaciones incluso desde el punto de vista científico.
“Si uno ingresa a la página científica del SENAMHI, la definición de Niño Costero es muy ambigua… se indica que es una media temporal de temperaturas que tiene una anomalía durante tres meses, es decir, hay que esperar tres meses para determinar si efectivamente era Niño Costero”, explicó.
Para Torres, esta ambigüedad genera un problema mayor: permite construir discursos políticos que trasladan la responsabilidad de los desastres hacia los fenómenos naturales.
“Se genera un mensaje de que el desastre es por el fenómeno natural y no es así”, afirmó.
El investigador también recordó que en 2023 se anunció la llegada de un evento climático de gran magnitud que finalmente no ocurrió como se había previsto.
“En 2023 se declaró un Niño de enorme magnitud, incluso comparable al de 1997-1998, pero ni siquiera llovió en diciembre ni en lo que se esperaba del verano”, indicó.
Según Torres, esta situación demuestra que estos eventos tienen un alto nivel de incertidumbre, lo que obliga a los países a fortalecer su capacidad de prevención y respuesta, en lugar de concentrarse únicamente en predicciones.
“Existe una institucionalidad que fomenta el desastre”
Uno de los planteamientos más críticos del investigador es que el problema no radica únicamente en la falta de obras, sino en la estructura institucional que debería prevenir los desastres.
En su análisis, el sistema estatal encargado de la gestión del riesgo no ha cumplido su función.
“La conclusión a la fecha es que existe una institucionalidad que fomenta el desastre, no que prevé el desastre”, afirmó.
Torres menciona que múltiples entidades —desde la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios hasta organismos de control, gobiernos regionales, municipales y entidades técnicas— han tenido responsabilidades en la prevención de los impactos de las lluvias desde el año 2017.
Sin embargo, a casi una década de aquel desastre, los problemas estructurales persisten.
“Toda esta malla de instituciones no cumplió su trabajo y por lo tanto se convirtieron en mecanismos institucionales de promoción del desastre”, sostuvo.
Para el investigador, este problema se agrava por lo que denomina una “ignorancia inducida”, que limita la capacidad de la ciudadanía para fiscalizar las decisiones públicas.
“La ignorancia fabricada neutraliza la capacidad de escrutinio de la sociedad”, advirtió.
El río Piura: menos agua, más inundaciones
Uno de los ejemplos más claros del deterioro de la gestión pública se encuentra en el propio río Piura, cuya capacidad hidráulica se ha reducido progresivamente por la falta de mantenimiento y planificación.
Fidel Torres explica que décadas atrás el río tenía una mayor profundidad y capacidad para soportar grandes caudales.
“En 1997-1998 por el río pasaron 4.500 metros cúbicos por segundo y la ciudad no se inundó porque el río tenía una profundidad suficiente para soportar”, recordó.
Sin embargo, con el paso de los años el río se ha colmatado y ha perdido capacidad de conducción.
“En 2017 con 3.500 metros cúbicos por segundo la ciudad se inundó. Menos agua. Mil metros menos”, señaló.
La situación se volvió aún más crítica en los últimos años. “En 2023 la alerta de inundación era de 2.000 metros cúbicos por segundo y pasaron 1.900… y estuvimos al borde de una inundación con 1.500 metros cúbicos menos”, explicó.
Según el investigador, actualmente el río está prácticamente invadido por vegetación y sedimentos.
“El río está totalmente colmatado y lleno de obstáculos vegetales. Con poca lluvia ya se inunda”, indicó.

La gestión integral de cuencas: una política nunca aplicada
Torres recordó que desde hace más de medio siglo existe un enfoque técnico ampliamente aceptado para enfrentar estos problemas: la planificación con el enfoque de gestión integral de cuencas. Sin embargo, afirma que esta política prácticamente no se ha implementado.
“Hace 50 años se institucionalizó la planificación bajo el enfoque de gestión integral de cuencas. Ha pasado medio siglo y eso no se ha implementado”, sostuvo.
Para el investigador, esta omisión explica por qué los desastres se repiten a lo largo de toda la costa peruana, desde Tumbes hasta el sur del país.
“Cuando Piura gobierne el río, podrá gobernar su futuro”
En la entrevista, Fidel Torres también señala que la solución no depende únicamente del Estado o del Gobierno Central, sino también de la organización de la sociedad civil.
El investigador considera urgente ejecutar el Plan de Control de Inundaciones del río Piura y el Plan Maestro de Drenaje, documentos técnicos que ya fueron elaborados.
Además, propone que la Contraloría y las organizaciones ciudadanas participen activamente en la vigilancia de estas obras.
“En el momento que Piura gobierne el río va a poder gobernar su futuro”, afirmó.
Piura y el poder de la organización ciudadana

Finalmente, Torres recordó que la región tiene importantes antecedentes de organización social que han marcado precedentes a nivel nacional e internacional.
Uno de los casos más emblemáticos fue la consulta ciudadana realizada hace más de dos décadas en el distrito de Tambogrande, donde la población decidió defender su modelo agrícola frente a un proyecto minero.
“La sociedad de Tambogrande, de manera organizada, logró detener ese proceso con todos los mecanismos legales ciudadanos”, explicó.
Otro ejemplo ocurrió en la sierra de Piura, donde comunidades lograron proteger los páramos y bosques de neblina, ecosistemas fundamentales para el abastecimiento de agua.
“La sociedad piurana integró el conocimiento tradicional con el conocimiento científico para defender su modelo de desarrollo”, señaló.
Para el investigador, estas experiencias demuestran que el futuro de la región dependerá en gran medida de la capacidad de organización de su propia sociedad.
“Nadie va a venir por nosotros. Si no nos organizamos nosotros mismos, nadie va a resolver estos problemas”, concluyó.
