¡Gracias Chulucanas!
En Chulucanas crecí y por ella sigo creciendo. He recorrido sus campos a “pata pelada” y con unas ojotas de caucho que parecían canoas. Allí entablé una extraña amistad con mi burro, con quien he tenido el placer de vivir historias fantásticas mientras contemplaba el parsimonioso comer de una docena de vacas, renegaba con unas…
